Sunday, 14 June 2026

Callejeros salseros: Madrid


Queridas y queridos, tengo el cuerpo rumbero. No sé si es porque ha sido mi cumpleaños hace una semana, o porque está mi madre de visita en Londres o porque estoy de codeína hasta las cejas por un dolor lumbar que me está amargando la vida desde hace meses. Ya digo, no sé. El caso es que veo que se me acumulan asuntos pendientes. Madrid ha estado de rabiosa actualidad y yo, como buena madrileña, he de estar a la altura.
Por si algún ermitaño no se ha enterado y da la casualidad de que sí lee este texto, el Papa León XIV ha estado de visita oficial en España. Ya se ha ido, por cierto. Pero, no solo ha dejado tras de sí agua bendita para llenar el pantano de San Juan, sino anécdotas a go gó.
Sin embargo, viajemos a los días previos a su visita. Todos los medios de comunicación andaban conmocionados y alborotados por la llegada de Su Santidad. Los reporteros de la prensa rosa no iban a ser menos. ¿Por qué? Unos días antes se había anunciado que Patricia Pardo y su marido Christian Gálvez presentarían el evento organizado en el Santiago Bernabéu para dar la bienvenida al Papa. Pero, ¿qué mas les dará el Papa, el papi, o el papo, a los reporteros? En cuanto se encontraron en un evento (que nada tenía que ver con el Papa) se lanzaron como aves de rapiña a preguntarle a Almudena Cid por su ex, Christian Gálvez. Ella se negó en rotundo a contestar. Es más, se plantó y les devolvió la pregunta: "¿por qué no le preguntáis a él por mí?" Recordemos. Almudena Cid, la gimnasta rítmica más laureada de nuestro país y que ha participado en más Juegos Olímpicos, ha tenido que contestar la misma preguntita durante cinco años. Mientras él, de rositas, claro. A vivir en un mundo de unicornios y arco iris sin que le incomoden con una pregunta sobre Almudena. No solo es machista a rabiar, es, como dice ella sin perder la compostura, "de muy mal gusto". A los hombres siempre se les suele preguntar por su trabajo, su nueva pareja (de soslayo) y sus proyectos. A la mujer, sobre el ex, el actual, la maternidad (si tiene, si no tiene y si tiene cómo compagina) y si acaso y se pone farruca entonces sobre el trabajo. No falla.
Prosigamos, que me desvío del tema, como siempre.
Llegamos pues a la visita del Papa y, no nos engañemos, en Madrid hemos quedado como unos catetos en comparación con Barcelona. La ciudad condal no ha escatimado en recursos: su Sagrada Familia iluminada de auténtico cine, drones mostrando el rostro de Gaudí en el cielo, fuegos artificiales, castellers y si ya no se te había caído el moco de la emoción, te cantan los niños de la Escolanía de Montserrat. Joder, si es que así no hay quien gane.
¿La capi? Hombre, para empezar tenemos a Almeida de alcalde, que esto nunca ayuda. Pero, para ser más explícitos, los ya citados Patricia Pardo y Christian Gálvez animaron un estadio de 80.000 personas para que el nuevo cántico de moda fuera (y no me lo invento): "Contigo León, un solo corazón". Su Santo Padre, no sabía si meterse bajo la silla, ni dónde mirar ante semejante esperpento. Yo digo que si hubiese podido, se iba corriendo de vuelta al Papamóvil. El buen hombre no entendía nada. Tampoco cuando aparecieron Bustamante, Diges y Diana Navarro cantando. ¿Pero que estamos en un remake de Operación Triunfo y yo no me he enterado? Pero para bochorno, ese momento surrealista en el que tres ¿actores? ¿bailarines? ¿personajes?, escenificaron un partido de fútbol (porque efectivamente el evento transcurría en el Estadio Santiago Bernabeu de Madrid). Gálvez justificó y comparó la coreografía con el camino de un fiel hacia la fe (porque, efectivamente, estaba el Papa presente). Ni el Papa ni yo misma sabemos de quiénes fueron las grandes ideas de semejante esperpento. Como sigamos así, dudo que con esta payasada de eventos el COI nos otorgue los Juegos Olímpicos en la vida.
He de resaltar también que me resulta un poco cansino que todo el mundo alabe al Papa cuando por muy majo, y deportista e ilustrado que sea este señor, no hay que olvidar está en contra del aborto, del matrimonio entre homosexuales y no ha dicho ni mú sobre la pederastia. Todo esto en el Congreso de los Diputados, que es ahí donde se presentan y promulgan las leyes. Y seguido de aplausos..Amén.

Pero para cansino Bad Bunny. Que se ha pasado por Madrid más días de los que tardó Dios en crear el mundo. El muchacho se trajo su casita, y con ella la polémica. Esa estructura preciosa, rosa y amarilla que representaba la sencillez y sus comienzos humildes, se convirtió en una zona VIP o en un prostíbulo (según quién te lo cuente). Había, incluso ojeadores de "talento". Y llamamos "talento" a ver quién va con menos ropa, tiene más tetas y más bótox en la cara. Yo creo que perdió su esencia, básicamente. Es la representación del éxito masivo. De ser Benito a convertirte en Bad Bunny. Él quiere seguir siendo Benito, pero ya es imposible. Los triunfos han engullido a Benito, por mucho que Benito intente luchar contra lo evidente. La casita, además, se convirtió en lugar de peleas por estar en la primera fila y de "influencers" que aconsejaban a la plebe cómo vestirse para entrar y formar parte del reino de Bad Bunny. Ya os digo, muy abrigadas no iban. ¡Ah! Y por supuesto todas eran mujeres. Los únicos penes allí presentes eran el de Benito, sus bailarines y un par de presentadores o actores. 
Así que se empezó a liar parda en las redes. Que si eso era todo normativo, que era clasista, machista, y qué se yo.
Benito hizo caso a sus fans, por supuesto, porque él ya no quiere ser Bad Bunny. Quiere ser aquel niño puertorriqueño de su infancia que tenía un sueño. Así que sus ojeadores comenzaron a escoger a gente más de "a pie". Léase: hombres, mujeres altas, bajas, gordas, patizambas...vamos, que ahora te dejaban entrar en la casita si eras "fea". A ver ahora cómo nos explican las creadoras de contenido cómo entrar en la puta casita. 

Para casitas, las casetas de la Feria del Libro de Madrid 2026 - ¿habéis visto que arte para cambiar de tema?
Otro tipo de estructuras que, en ocasiones, se prostituyen también. 
Como cada mes de Junio las editoriales y librerías se amontonan bajo un calor de justicia por el paseo del parque del Retiro. Allí se han encontrado siempre autores tan dispares entre sí como Elvira Lindo o Arturo Pérez Reverte o Boris Izaguirre. La gente se apelotona paseando, comprando y haciendo cola para conocer a sus autores favoritos. La firma de libros es su gran reclamo. ¿Quién no quisiera una copia firmada por el autor del momento, David Uclés? ¿O una dedicatoria de Fernando Aramburu o María Dueñas? ¿Qué lector/a no sueña con intercambiar unas palabras con Siri Hustvedt o Julia Navarro? ¿O descubrir autoras y autores nuevos, electrizantes y llen@s de posibilidades?
Nadie, diría yo.
Pero es que además en esta edición hay una caseta que ha causado furor. ¿Qué más darán los Gómez-Jurado o los Mendoza cuando una puede llevarse a casa un libro firmado por la mismísima Alejandra Rubio? Hija y nieta de periodistas, su currículum incluye trabajar como colaboradora de crónica social en el programa Fiesta y asistir de vez en cuando, previo pago, al programa De Viernes a contar su vida personal. ¡Ah! Y alguna que otra exclusiva en una revista. "Ale", como se hace llamar profesionalmente, ha escrito un libro. Sí, yo casi me caigo de la silla cuando me enteré. Que, por supuesto, tiene todo el derecho del mundo. Pero es que el libro es un turrón importante. No me esperaba menos. He tenido la enorme "suerte" de poder leer muy detenidamente los cinco primeros capítulos y casi me desmayo. No tiene voz, da bastante vergüencita, no tiene nada interesante que contar y lo que es peor aún, si este es el libro editado, no quiero ni imaginarme cómo es el original. Total, que es como pan sin agua, difícil de digerir.
Sin embargo, insisto, es "Ale" Rubio. Así que su caseta - la de "Ocho y medio", una respetada librería de Madrid para cualquier cinéfilo desde hace muchos años, ahí lo dejo - estaba hasta arriba de micrófonos y cámaras de televisión buscando "la imagen", esa con la que empezar la crónica social del día. La madre, Terelu Campos, esperando a que su hija le firme una copia del libro. Claro, las cámaras crean conmoción, la conmoción curiosidad y la curiosidad venta de libros.
Nuestra "Ale", futura ganadora del Premio Planeta y Tusquets todo a la vez en el mismo año, va por la segunda edición.
¿Mientras tanto? Tantos y tantas autores y autoras sin una editorial. Y sí, me incluyo yo. O escritores y escritoras con editoriales pero que no logran la atención que merecen. Venga va, me incluyo aquí también. 
"Ale" no está sola. Ser "hija de" también ayudó a publicar sus respectivos libros a Alejandra Cortina Cué (Siete Maneras de Arder, 2026) o Tamara Falcó (Cupcakes de Tamara, 2014). Y si nos centramos en las influencers, perdón, creadoras de contenido social, Laura Escanes con Piel de letra (2018) abrió las puertas a much@s "escritoras" con miles de followers. 

Para concluir, que Madrid está en boga. No sé si para bien o para mal, la verdad. Mientras tanto, los niños se mueren de calor en las clases, el ayuntamiento quiere desahuciar a una mujer de 87 años que lleva toda la vida en su piso del distrito de Retiro, los apartamentos turísticos siguen en alza haciendo imposible vivir en el centro, La Cañada sobrevive sin luz desde hace seis años, la sanidad cada vez más privatizada y la educación ni te cuento. Pero que no cunda el pánico, en Septiembre toca carrera de Fórmula 1. Solo pido que no lo organicen las mismas personas que la visita del Papa en Madrid. Porque, se gastarán nuestros impuestos sí, pero al menos no nos convertirán en carne de meme.

Sunday, 7 June 2026

Location, location, location


 Queridas y queridos, hablemos de lugares muy especiales: las localizaciones de cine. Suelen ser, y casi de forma imperceptible, un personaje más de la película. ¿Qué sería si no "El Resplandor" sin ese edificio que es más laberinto que hotel, a veces incluso más terrorífico que el propio Jack Nicholson? ¿O el cine de "Cinema Paradiso", ese lugar que va creciendo y madurando, para después envejecer y morir como uno de sus protagonistas? ¿O las escaleras frontales del Museo de Arte de Filadelfia donde Rocky, acompañado de una maravillosa e icónica música, llega triunfante a la cima? 
En resumen, que las localizaciones de cine acompañan y guían a la acción y a sus personajes. 

En la vida, a menudo, también nos ocurre. Hay lugares que se quedan tatuados en nuestra mente. 
A mí, no solo me han marcado, sino que me han acompañado durante mi carrera profesional.

Mi primera localización cinematográfica me llevó a Chapel Hill, ciudad universitaria al sureste de Estados Unidos, en Carolina del Norte. Como muchos sabéis, viví dos años allí (1990-1992) desde los diez a los doce. Podemos decir que allí se consolidó mi amor por el cine. Mi madre, inmersa en su tesis doctoral y en un máster, se pasaba la vida en la biblioteca de la Universidad y fue aquí donde descubrí mi cielo particular nada más llegar: la videoteca. No solo contaba con un cubículo individual, cascos incluidos, sino que también ofrecían el catálogo de películas más extenso que había visto en mi vida. Vamos, que le daba mil vueltas al videoclub de mi barrio. Y eso, para una niña de diez años era un mundo. Además, podíamos tomar en préstamo los VHS para casa durante una semana. Así que yo me veía las películas hasta que, o desgastaba las cintas o me aprendía de memoria los diálogos. 
Fue entonces cuando descubrí títulos como "Dirty Dancing", "Le llaman Bodhi" o "Las Tortugas Ninja" (Partes uno, dos y tres). Además, continué yendo al cine con mi madre, cómo no. Y vi en la gran pantalla desde "Tomates Verdes Fritos" a "Thelma y Louise" (sí, con once años).
El segundo curso en Chapel Hill fue muy importante por diferentes razones. Cambié de colegio, me convertí en "cheerleader", y mi madre, que ya tenía poco que hacer la mujer, comenzó a impartir clases de español en la Universidad de Duke. Este último es un dato esencial en mi vida porque fue cuando, insisto, con once años, descubrí a Pedro Almodóvar. Mi madre, defensora siempre de una docencia participativa, pensó que la mejor manera de introducir a sus alumnos al cine patrio sería proyectando una película del director manchego. Podría haber escogido múltiples títulos. Entre ellos "Mujeres al borde de un ataque de nervios" o "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" Pero no. Ella, la más moderna, decidió que la mejor película era "Átame". Así que, un día, llegó a casa con la cinta de VHS y lo primero que me dijo fue: "Paula, esta película no se puede ver". ¿Y qué hizo Paula en cuanto su madre se dio la media vuelta? Habéis acertado, verla. Supongo que la gran mayoría de vosotr@s sabéis a qué película me refiero. L@s que no, os aconsejo que pongáis en Youtube "Almodóvar escena buceador". Tan solo existe un clip de siete segundos, pero te haces a la idea. Es más, recuerdo perfectamente acabar la película y pensar: "no he entendido nada, pero cómo me ha gustado".
Cuando mi madre supo que la había visto a escondidas, casi le da un parraque, claro. Pero eso es otra historia.
Ya estaba enganchada hacía tiempo. A Almodóvar y al cine.

La segunda localización cinematográfica transcurre en otra ciudad universitaria, esta vez en España:  Salamanca. No os voy a mentir. Allí, al principio, menos ir a clase, de todo. Mis primeros años universitarios fueron bastante desastrosos. Se salía de jueves a domingo y los demás días de la semana eran para recuperarse de la resaca. Lo único que me mantuvo a flote fue el grupo de teatro. Mi hermana Alex que quería ser actriz (pero estudiaba Geológicas) y yo que quería dirigir (y elegí Filología Inglesa), nos apuntamos a Onomatopeya. Con el grupo estrenaríamos dos obras: "Los Figurantes" de Sanchís Sinisterra y "La Gata sobre el Tejado de Zinc" de Tennessee Williams. Yo no quería actuar, pero interpretando personajes, estaba convencida de que aprendería a dirigir actores y actrices. En el estreno de las dos obras me quedé en blanco nada más pisar el escenario. Mi compañera de escena, Maday, me salvó de la hecatombe en las dos ocasiones. Mi madre, que asistió a las pocas representaciones que hicimos, siempre me dice que actuaba muy bien, pero ya digo, es mi madre. 
Además, para rematar mi locura transitoria durante esta época, solicité una beca Séneca que me permitía "seguir con mis estudios" en a la Universidad Autónoma de Madrid. Un "cambio de aires", grité a los cuatro vientos. En realidad volví a la capital porque tenía allí el novio y estaba hasta el moño de los autobuses ALSA. Como es obvio, al acabar el año, me dejó por otra. Si es que la historia se escribe sola...
Mi madre (de nuevo salvándome los trastos...esto va a ser un capítulo recurrente en mi vida) que impartía clases en la Universidad de Alcalá de Henares, me comentó que, ya que estaba perdiendo el tiempo, por qué no me inscribía en un curso de dirección de cine en su facultad. Constaba de un semestre, conseguiría créditos para mi carrera y, de paso, "haría algo de provecho con mi vida". Acepté inmediatamente. Más aún, rodábamos un corto al finalizar las clases.
Yo, que no me había tomado muy en serio antes casi nada, me obsesioné por completo con todas las materias impartidas. Pronto, completé mi guión, "Behind the Child" y, como las clases de escritura no son lo mío (recordemos el "fiasco" de la Escuela de Cine de Cuba), escribí más texto que Cervantes en su Quijote. Sin embargo, a mí me parecía purito cine. Además, seleccioné a una actriz principal (Catherine, maravillosa pero con acento americano) y una actriz secundaria (mi madre, ya os dije, salvándome de nuevo el pompis). De equipo técnico mi novio de entonces (el que me dejaría meses después) y alguno de sus colegas. Lo rodamos en un día, después de una gran nevada que cubrió todo el parque de Alcalá. Pasamos un frío del carajo, sobretodo la actriz que tenía que representar que paría en el suelo. Por supuesto, de camino a casa, se nos jodió el coche y tuvimos que esperar a la grúa. Menos mal que teníamos café caliente en termos del "catering" de rodaje y una mantita escocesa. Que si no... 
Cuando llevé el proyecto a montar, el editor al que mantendré en el anonimato (ahora es un conocido director de cine), me comentó que el corto era tan malo que él no quería aparecer en los créditos. Para añadir a continuación: "se salva por el último plano".
A pesar de los obstáculos, yo no desistí. Lo llevé  a todos los festivales de cine posibles. Y digo "llevar" porque tuve que enviar la cinta físicamente a través de correos por cada inscripción. Eran otros tiempos. Me seleccionaron en algunos festivales. ¡Incluso en Medina del Campo! Y en Vitoria ganamos el premio a mejor actriz. La panacea.
Sin embargo, ya os digo, estudiar poco, así me fue. Al volver a la Universidad de Salamanca me pilló el nuevo plan de estudios y tuve que repetir algunas asignaturas. 
Ahí me puse seria. 
En esta época también me mudé a una casa más asequible al lado de los Cines Van Dyck. Que si no habéis vivido en Salamanca pues no os sonarán de nada. Además de ser casi los únicos cines que había en la ciudad por aquel entonces, "los Van Dyck" eran conocidos por organizar ciclos cada año en versión original. Yo ya contaba con mi tele y reproductor de DVD en mi cuarto, pero estamos hablando de estrenos o de auténticos clásicos. ¡Y que levante la mano quién no prefiera la pantalla grande! Vergüenza le tenía que dar.
Dejé de salir, me centré en los estudios y hasta conseguí sacar buenas notas. Disfruté sobre todo con las clases de literatura, obviamente. Incapaz de dejar de lado mi creatividad, empecé a escribir poesía y obras de teatro. Malas, muy malas, ya os digo. Y, en el año 2004, por fin, me gradué en Filología Inglesa por la Universidad de Salamanca. 
¡Aleluya!

La tercera localización cinematográfica es la Universidad de Harvard. De nuevo, y para sorpresa de nadie, habéis acertado, mi madre, que tiene un currículum que te quedas loca, consiguió una estancia de un año en Cambridge, Massachussetts (o sea, en la Universidad de Harvard) para proseguir con sus investigaciones en Literatura Afro-Americana. Ahí, es nada. Yo, que por aquel entonces había logrado entrar por fin en la ECAM (Escuela de Cine y Audiovisuales de Madrid), estaba, además, obsesionada con la NYFA (New York Film Academy). Por casualidades de la vida ofrecían un curso de verano en, efectivamente, la Universidad de Harvard. Así, podía ver a mi madre durante la estación estival y, a la vez, realizar el curso de mis sueños.
¿Por qué lo tenía tan idealizado?, os preguntaréis. Era un curso muy especial. En él aprendí, no solo a dirigir actores o escribir guiones (¡por fin!), sino que me enseñaron nociones básicas de iluminación, montaje y rodábamos en película (en 16mm para ser exactas). A mí, que no me habían permitido en la ECAM tocar una cámara de cine, los profesores de la NYFA me enseñaron a cómo cargarla y a filmar yo sola. Resumiendo, aprendí más en esas cinco semanas en el curso de la Universidad de Harvard que en todo un año académico en la Escuela de Madrid. Más aún, poder aprender sobre el proceso creativo y técnico en su totalidad, me empoderó como directora. Tanto, que ya tenía clarísimo mi proyecto final. Aquel que me llevaría de vuelta a España para añadir a mi curriculum tras un mes bien intenso. 
Pero no pudo ser.
Un día recibimos una llamada de Madrid para comunicarnos que mi tía Lourdes había muerto de SIDA. Hacía tiempo que estaba enferma. Ahora tenía las defensas muy bajas. Anteriormente había sufrido un ictus que le causó una parálisis facial. Sin embargo, ella seguía bromeando e intentaba que no se le notase que le costaba hablar cuando la llamaban del trabajo. Estaba de baja, claro. Pero ella quería seguir creando. Era diseñadora de Vestuario. Bueno, era muchísimo más. Un espíritu libre, un ángel revoltoso inconformista con la realidad.
¿De ella? De ella otro día. Merecéis conocerla a fondo.
Mi madre voló ese mismo día a Madrid. Yo me quedé sola en su apartamento para acabar el curso. Mi madre me dijo: "Es muy importante que lo termines, es tu sueño y Lulú ya no está".
Pero no podía. Dejé de ir a clase. La tristeza me inundaba. Ese proyecto no tenía sentido porque mi tía ya no existía en mi mundo.
Entonces ocurrió.
De repente, los planos me vinieron como olas inmensas a la mente y empecé a escribir un corto completamente distinto. Si con el guión provisional anterior lo había tenido claro, éste era nítido: ya que me era imposible ir a despedirme de. Lulú, tenía que decirle adiós de la única manera que podía, a través de las imágenes y la música.
Volví a clase de nuevo para comunicarle al profesor que había cambiado de proyecto y, que en su lugar, rodaría "Dark Whiteness". Lo leyó detenidamente y lo aceptó al momento.
Como en mi primer corto, "Behind the Child", lo rodamos en un día tres alumnos del curso y yo. A diferencia de mi primer corto, no había ni una línea de diálogo. No hizo falta.
¿La historia? Mi tía Lulú huyendo de la muerte. Yo, que nunca quise actuar, sabía que tenía que representar el papel de la pérdida.
Último plano, imagen de "Lulú" de vuelta a la cama del hospital. Aceptando mi presencia, aceptando su destino. En el momento en que dije "corta" lloré todo lo que había contenido durante el día de rodaje. Fue justo en ese momento exacto, cuando se acabó el rollo de la película de la cámara, creando un efecto velado casi fantasmagórico. 
A día de hoy pienso que mi tía Lulú estuvo a mi lado. Guiándome. Porque aún no me explico cómo logré aglutinar toda mi rabia y mi dolor en una sucesión de imágenes que todavía me acompañan.

Luego le tocaría el turno a Londres. La localización más importante de mi vida. ¿Y, esa historia? 
Esa historia se merecía un blog entero.
¿No creéis? ;)



Nota: Si os interesa ver el corto de "Dark Whiteness" en memoria de mi tía Lulú del 2005, tenéis el enlace aquí
https://www.youtube.com/watch?v=miCbrKZ1f50