Queridas y queridos, el equipo técnico es la columna vertebral del rodaje en una película. Sin embargo, muchas personas desconocen a qué nos dedicamos exactamente. No es de extrañar, habréis comprobado que en cuanto aparecen los títulos de crédito sobre la pantalla, el espectador de a pie, sale del cine como si le persiguiesen. Yo, que tengo menos paciencia que un chinche, aprendí a quedarme diligentemente en la butaca tras la película desde bien pequeña. Mi madre, me enseñó que quedarse a ver la lista de gente que había trabajado, no solo era una muestra de respeto, sino que era interesante. Se podía aprender mucho. Así fue cómo se convirtió en una tradición hasta el día de hoy.
Claro que una vez que te quieres dedicar al cine, también te quedas por curiosidad. Y si, más adelante, conoces personalmente a la gente que aparece en los títulos, más razón aún para verlos.
Esté en el país que esté, cada vez que empiezo una película entro a formar parte de una nueva familia disfuncional. Esas personas, en un principio desconocidas, se van a convertir en lo más cercano que vas a tener durante tres meses. En mi caso, el primer y segundo ayudante de dirección serán tus padres, los terceros ayudantes tus hermanos, los auxiliares tus hijos y el resto de equipo tus tíos y tus primos (unos primos hermanos, otros lejanos). Como imaginaréis, al principio todos nos comportamos muy civilizadamente. Pero, al final del rodaje se nota la confianza creada día tras día junt@s y se pueden perder un poco las formas. Tendrás tus personas preferidas y tus "no, por favor, no te acerques a mí ni con puntero láser".
Dentro de cada equipo hay diferentes departamentos y yo, como ayudante de dirección, tengo relación con casi todos ellos.
Tengo que confesaros, que durante todas mis clases de la escuela de cine jamás imaginé que me llevaría tan bien con los eléctricos. Esos (casi todos) hombres blancos hetero normativos son como una manada de lobos. Llegan juntos, trabajan juntos y se van juntos. Socializan, claro, pero cuando empecé a trabajar he de confesar tuve ciertos prejuicios. ¿Qué iba a tener yo, una recién llegada, en común con estos señores que llevaban años, incluso décadas, dedicados a su oficio?
Pues resulta que mucho.
Esos hombres británicos que se alimentan a las cinco de la mañana a base de "English Breakfast" (huevos fritos, morcilla, judías blancas, bacon, salchichas, champiñones y tomate), que toman "builder's tea" (fuerte, fuerte) y que van de un lado a otro con focos de hasta 40 kilos de peso...esos hombres, como digo, les hacía una ilusión incluso casi infantil saber que yo era española. Curiosamente todos saben dónde está Magaluf, Benidorm y Marbella. Todos se han achicharrado vivos bajo la solana de nuestro país. Y todos, absolutamente todos, quieren que sepas el poco español que han aprendido. Desde su vocabulario más básico, "cerveza", a oraciones más complejas como "una cerveza, por favor", a frases que no tienen ningún tipo de sentido, como "patatas verdes". Así que, ¿eléctrico con el que me cruzaba en el set? "¡Croquetas!". ¿Que nos despedíamos? "¡Chipirones, por favor!" ¿Qué se aburrían? "¡Patatas verdes!"
Ni qué decir tiene que, (casi todo) eléctrico hombre blanco hetero normativo que se precie adora el fútbol. Vive por y para la "premier league". Son unos seguidores acérrimos de sus equipos preferidos que religiosamente rellenan quinielas, desgranan cada partido y cada jugada al día siguiente. Es más, incluso se conocen los resultados de toda la liga española.
Para mí el verano de 2014 fue especial y desastroso a partes iguales. Por un lado, conseguí trabajo en Star Wars VII. Un sueño hecho realidad. La friki que hay en mí no se lo podía creer. Cada mañana tenía la sensación de que, no solo iba a trabajar, sino a jugar. Rodeada de robots, stormtroopers, animales con máscaras mecanizadas, efectos visuales inimaginables y explosiones diarias, me parecía estar soñando. Además el 2014 coincidió con el Mundial de fútbol de Brasil. Así que, casi todos los técnicos estaban un poco dispersos apoyando a Inglaterra. Los eléctricos, absolutamente entregados a su selección, cómo no, contaban con pantallas y iPads por todo el estudio, donde ponían los partidos a escondidas. Uno de mis amigos técnicos (concretamente el de "patatas verdes"), Jimmy, fue el que me condujo por los pasillos del set hasta uno de los televisores donde retransmitían un partido de España. Que fue un peñazo de partido, pero se corrió la voz de que era futbolera (ni mucho menos) y desde ese momento no sé cómo pasé a tener tertulias sobre las selecciones durante todo el verano con los eléctricos.
Sin embargo, y como comenté antes, fue un verano desastroso porque, a parte de que España quedó eliminada, me lesioné el pie y no pude compartir ni más Mundial con mis eléctricos, ni, sobre todo, más escenas de Star Wars.
Además de los eléctricos, otros compañeros con los que no contaba tener tanta relación, fue con los especialistas de cine. Por lo que aprendí en la escuela y de ver tanto "making of", di por hecho que yo estaría pegada a la cámara o al director. Nada más lejos de la realidad. Seamos sinceras, cuando empiezas en este mundo, eres un punto lejano en un engranaje masivo y poco a poco te vas acercando al meollo de la cuestión. Sin embargo, si, como yo, empiezas tu carrera en lo que se denomina "la segunda unidad", tu vida va a girar en torno a los especialistas. Aquellas mujeres y hombres que, literalmente, se dejan la piel para que una escena de acción parezca totalmente creíble.
Sin tener ni idea, empecé con algunos de los mejores especialistas del mundo. Mi primera película con contrato, fue "Kingsman" (2014), un filme básicamente de acción.
La primera secuencia que teníamos que rodar era la escena de la iglesia. En caso de que no hayáis visto la película os recomiendo encarecidamente que la busquéis en internet. Dura cinco minutos y medio y es una auténtica locura. Resumiendo, con un plano secuencia "falso" de unos dos minutos, entré en el mundo del cine por la puerta grande.
Las dos primeras semanas ensayamos exclusivamente en la localización, o sea la iglesia. La escena de la pelea se debía tratar como si fuese una coreografía de baile y para ello había que repetir y ensayar hasta la saciedad plano por plano. Pero esta "danza" no era solo para los especialistas, sino para la cámara, el sonido, la continuidad, efectos especiales, efectos visuales, vestuario y maquillaje. Vamos, tod@s. La secuencia fue dirigida por Brad Allan, (1973-2021) especialista durante muchos años, aprendió bajo las órdenes de Jackie Chan. Brad tenía todo milimétricamente preparado y los especialistas ya habían ensayado anteriormente la coreografía en los estudios Leavesden durante semanas. Esta sería la primera vez que lo harían con todo el equipo.
Se produjeron cantidad de lesiones. Esguinces, luxaciones y alguna que otra nariz rota. Pero a las dos semanas comenzamos a rodar. Para entonces, me sabía los nombres de los doscientos y pico especialistas más los extras. Tuvimos, creo recordar, otras dos semanas para rodarla. En total casi un mes para cinco minutos de metraje. Merece la pena, os lo digo.
Como es bastante normal repetir equipo dentro de tu propio departamento, después de "Kingsman", rodé "Wonder Woman", "Free Fire" o "Hobbs and Shaw", todas en la segunda unidad con especialistas.
Aprendes que el ser humano no tiene límites si se lo propone, que hay hombres y mujeres que arriesgan su vida cada día y que en una escena de acción nada se puede dejar al azar. Un mínimo fallo puede llevar a alguien al hospital. O peor.
Por todo ello, en el 2027 los especialistas por fin van a poder ser reconocidos en la industria cinematográfica de Hollywood ya que se ha creado la categoría de los Oscars a "Mejor diseño de escena de acción" (Best Achievement in Stunt Design) que reconoce su trabajo por primera vez.
Después de dos años como auxiliar de dirección, me contrataron como tercera ayudante de dirección. Mis responsabilidades eran mayores porque vivía todo el proceso creativo más de cerca. Para muchos de nosotr@s es como una droga y cada vez necesitamos una dosis mayor. Esta etapa me sirvió para ampliar los lazos que me unían a la "familia disfuncional". Comencé, entonces, a establecer trato más directo con la directora/director, los directores de fotografía, el elenco, etc. Fue como mirar directamente al núcleo de una célula. De cómo se forman las ideas y cómo esas ideas se hacen realidad. Suele haber más ego, desde luego. Pero es cierto que, a este nuevo nivel, los errores que ocurren son más notables y cada vez te juegas más.
Como ayudante de dirección tienes que ser una especie de psicóloga. Todos los miembros de un equipo tienen problemas y, la mayor parte de la gente, viene a ti. Tienes que saber escuchar y poder solucionar si es posible. No es una profesión muy agradecida...organizamos en la sombra, somos de los primeros que llegan al set y de los últimos en irse. Cuando ruedo en un estudio no veo el sol durante días. Aparco el coche de madrugada y lo recojo de noche. Nos pasamos doce horas de pie, sin parar, sin sentarnos, ni siquiera para comer. Es duro, pero engancha.
Sin embargo, he de decir que, aunque cada vez más mujeres tienen mayor voz en los sets, a día de hoy los rodajes cuentan con un equipo mayormente masculino. Sin ir más lejos, la actriz Cate Blanchett se quejó en Cannes a la prensa de que "(cuando llego al set) hago la cuenta cada día. Hay 10 mujeres por cada 75 hombres...adoro a los hombres pero es aburrido entrar en un lugar tan homogéneo" (The Guardian, Mayo, 2026). En mi opinión, Blanchett tiene toda la razón. Es soporífero. La diversidad de género, raza, etc., es absolutamente enriquecedora. En lo que llevo de carrera (unos once años) he trabajado solo con dos mujeres directoras y una primera ayudante de dirección. Cuando el equipo técnico está femineizado en el set, y sobretodo en posiciones de mando, se disfruta de una energía distinta por completo. Hay más calma, diálogo y esto contribuye a que sea un ambiente menos tenso. Son el día y la noche. Ojalá cada vez más mujeres directoras, directoras de fotografía, jefas de eléctricos, sonidistas, etc.
En un mundo tan masculino, las mujeres aportamos serenidad, profesionalidad y mucha, pero que mucha creatividad. Porque hablamos y pensamos como un equipo, y no solo como meros individuos.
El cine es rodar en medio de una carretera en una montaña en Marsella y estar esperando dos horas a que llegue el baño portátil mientras te meas viva. El cine es tener todo, absolutamente todo, preparado para rodar una toma en una universidad inglesa, que de pronto suene el timbre y que 2.500 alumnos salgan a la vez de sus clases. El cine es que te chillen desde cámara que se te ve en el plano y te tengas que esconder tras un cactus durante una toma de cinco minutos, metiendo tripa y pinchándote. El cine es comer bajo la lluvia, empapándote. El cine es un arnés para que no te caigas de un barco. El cine es perseguir a una actor con un paraguas para que no se moje. El cine es organizar trescientos extras con un megáfono a las 6 de la mañana. El cine es perder tu chaqueta, tu mochila, tu bufanda, tu gorra y/o tus guantes porque no paras ni un segundo y no sabes dónde dejas las cosas. El cine es correr sobre el lodo para quitarle el abrigo a la actriz antes de empezar a rodar. El cine es trabajar con un esguince en el tobillo. El cine es viajar al set en un minibus con las radios, las órdenes de trabajo, los desayunos y los cafés con otros veinte miembros del equipo apelotonados. El cine son prisas. El cine es esperar. El cine es ansiedad. El cine es un caos ordenado.
Pero el cine también te regala momentos maravillosos.
Dos jinetes montados a caballo a las 6 de la mañana en el estudio de camino al set mientras tú tomas el café. Comer en el borde de la ventana de la torre de un castillo milenario escocés. Gritar "acción" y que dos coches pasen a 250 kilómetros hora a escasos metros de ti. Un food truck de chocolate con churros en un rodaje de noche. Conducir el carrito de golf por el estudio de madrugada, sola. La cerveza de los viernes por la tarde en el pub frente al set. Helena Bonham Carter te guiña un ojo. Escuchar "más sangre" preparando una pelea. Viajar en un avión privado. Tomar un barraquito con tu amiga y colega María frente a la playa. Una foto de equipo al terminar el rodaje. Tener que contener la risa durante una toma. O las lágrimas. Entrar en un pueblo medieval hecho de corcho y madera. Vivir en Brighton dos meses. Ir a la piscina del hotel. Reencontrarte con tu amiga del alma de la ECAM, Anna, en un rodaje, las dos viviendo nuestro sueño. Ver los Oscars y haber trabajado con algunos ganadores. Naves espaciales que aterrizan. Cantar "Resistiré" con tus compañeros de dirección en un coche de camino al set. Dos stormtroopers a lo lejos al atardecer. Tu nombre en los créditos finales.
Si os quedáis a verlos, claro.
En definitiva...el cine es contradicción, el cine es maravilla.
El cine es, en otras palabras, "patatas verdes".





