Showing posts with label mujeres. Show all posts
Showing posts with label mujeres. Show all posts

Saturday, 2 May 2026

Perimenopáusicas. Primera parte

Queridas y queridos, ojú qué calores tengo. Al principio pensé que era el cambio climático. Acaba el invierno, llega la primavera, y Londres a 20 grados. Más calor que un pollo en rotación. Y, me entran los sofocos. Empiezo a sudar como si fuera un sifón. Cuando digo sudar incluyo brazos, sobacos, nalgas y cabeza. Soy un frigo pie que se derrite al sol y tengo que ir con el abanico a todos lados. Cada cinco minutos lo saco en el tren de camino al quiropráctico (¡ah, sí!, tengo la espalda tan rígida que si me caigo, reboto) y le doy una caña (al abanico, no al quiropráctico) que ni una folclórica en misa. Los viajeros miran el móvil así que nadie parece darse cuenta que comienzo a otear al personal y, para mi sorpresa, no solo la gente no suda, sino que llevan jerseys, chaquetas y hasta pañuelos alrededor del cuello. ¡Pero si hace un calor sahariano!
Llega mi parada, me bajo deseando que el aire de la calle me apacigüe un poco. Pero no hay manera. Una vez que empiezo a sudar es difícil pararlo. Los chorretones me caen por la frente. De pronto, paro en seco. ¡Ostras! ¿Cómo voy en este estado al quiropráctico? Que ese hombre me tiene que tocar y masajear como si fuera masa de pan, y yo estoy como pez fuera del agua, resbaladiza y viscosa. Entro en una tienda y me compro un refresco bien frío, pero causa el efecto contrario. Ya pasada la hora de mi cita, me digo que tengo que subir a la consulta como sea. ¿La única solución? Entrar con la sudadera puesta. Cierto es que el muchacho notará menos el sudor, pero cada vez sudaré más. 
No hay quien gane.
Kiril, mi quiropráctico, es como un bombón Lindor, está bien bueno. Es un morenazo de Malasia de metro noventa con pelazo Pantene y sonrisa Profident. Tiene, unas manos que son gloria bendita. Este dato puede parecer irrelevante en la historia, pero yo me pongo nerviosísima con él. Sobretodo cuando me coge de los pies y tira de mi para ajustarme la posición. Cada vez que lo hace me sale un "¡uy!" del gustirrinín. Seguro que ya sabe que me gusta. Así que, claro, como es lógico, sudo más.
Entro en la sala y él me espera sonriente, como siempre. Le miro, hago una mueca nerviosa y dirijo mi mirada hacia la camilla. Horror de horrores. De pronto me doy cuenta: la cabecera ya está cubierta de un papel desechable, como medida higiénica. Joder, joder, joder, que ahí tengo que poner la almendra. Al notar mi reticencia a tumbarme, Kiril hace un gesto con la mano y me invita a hacerlo galantemente. Pues nada, allá que voy. Primero me toca boca arriba. Noto cómo el pelo, ya empapado, moja sin piedad el fino y delicado papel. Kiril me habla pero yo no estoy. He desaparecido. No le escucho. Mi única preocupación es el mejunje que noto en la cabeza.
De pronto, me da un toque en el hombro. "Paula, ¿te pones boca abajo?". Estoy segura de que me ha hecho la pregunta más de una y dos veces. "¿Mmm? ¡Ah, sí , sí claro!", respondo. Me doy la vuelta como si fuera un camarón a la brasa y, horror, ahí está el papel empapado con mi sudor. "¿Tienes calor?", me pregunta Kiril. "Un poco", contesto con un hilito de voz más roja que una frambuesa. Él cambia el papel por uno nuevo y apoyo mi cara sudorosa. De nuevo, él habla, pero yo no dejo de pensar que hubiera sido mejor quitarme la sudadera. Ahora ya es demasiado tarde. "Bueno, pues ya estás", me comenta Kiril con esa voz (imagino) de surfero malasio. Me levanto y ahí está, como si fuera la Sábana Santa, mi careto impreso en el papel.
Quiero meterme bajo la camilla y no salir nunca más. 
Así fue cómo me di cuenta de que esos sudores no eran ni medio normales. Sin dudarlo, abanico en mano, salgo de la consulta corriendo ante la cara de estupefacción de la recepcionista. Pongo un pie en la calle y ya estoy consultando al chatgpt sobre estos chorretones sobrehumanos. La respuesta no solo es inmediata, sino que es una torta a mano abierta en toda la cara sudada. De repente, términos como "sofocos nocturnos, estrógenos, vello facial, insomnio", y...sonido de tambores...LA palabra: "perimenopausia" asaltan mi pantalla.
¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
¡Imposible! 
- ¡Pero si aún soy joven!
- "Bueno, Pau", me comenta mi occipital derecho, "joven, joven, lo que se dice joven, no eres." 
- ¡Tengo amig@s de 35 años! 
- "Tienes 46 tacos, bonita, la juventud no es un resfriado, no se pega" 
- ¡Aún soy fértil! 
- "Para ser exactos te queda un óvulo, y el pobre hace eco desde el útero. Tienes que aceptar la realidad, Pau". 
- ¿Y cual es esa? 
- "Qué tu cuerpo está en proceso de cambio. Como estornudes fuerte, te harás pis encima. Si no empiezas a hacer pesas, te caerás y te romperás la cadera. Y ya puedes hacerte amiga de las pinzas de depilar porque te van a salir troncos negros en la barbilla."
- ¿Y esto hasta cuando?
- "Pues suele durar de unos 6 a 8 años hasta que deja de bajar la regla"
- ¡Pero eso son 8 temporadas de perimenopausia!"
- "Efectivamente, y esto no es Netflix, es HBO, te las vas a comer una a una"
¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

Continuará...

Sunday, 26 April 2026

No todos los hombres, pero...

Queridas y queridos, tengo el body reivindicativo. Noto cómo la rebeldía me sube desde el dedo gordo del pie, hasta el último pelo de la cabeza. No puedo evitarlo, el mundo se quema a mi alrededor y soy incapaz de sentarme y verlo arder sin más. Hay mucho de qué hablar. Guerras varias, miles de muertos, la mayoría de ellos civiles (sobretodo niños, niñas y mujeres) y un número incontable de personas desplazadas. Y en casa, sin ir más lejos, el precio de la vivienda que parece más un lujo que un derecho vital. Mientras, las cuidadoras de los centros infantiles hacen, literalmente, malabares circenses para atender a veinte bebés por trabajadora. 
Sin embargo, hay una noticia que me está costando asimilar. No ha saltado a las portadas como un bombazo informativo. Ha pasado casi de puntillas por la retaila de malas noticias que nos rodean. Pero a mi, me ha llamado poderosamente la atención. Mi cerebro, siempre tan crédulo, está en completo shock y no me deja procesar la información.
Se trata de la historia que aparece en una página de internet descubierta por la CNN. En ella, un grupo de hombres intercambian información sobre cómo drogar y violar a sus propias mujeres. Dicha página consiguió la friolera cifra de 62 millones de visitas el pasado mes de Febrero.
62 millones.
El pasado mes de Febrero.
Insisto: 62.
Es, literalmente, como si la población de España más doce millones de personas visitaran esta web. 
Contextualicemos.
Hace apenas dos años, el mundo se quedaba petrificado cuando el caso de Giséle Pelicot salió a la luz. Por si has estado viviendo en una cueva durante este tiempo, resumo. El "maravilloso" marido de Giséle, Dominique, creó una página web en la que ofrecía a los usuarios el poder violar a su mujer una vez drogada. Se calcula que Giséle fue violada 200 veces por 70 hombres diferentes.
Lo más llamativo de este caso no fueron solo las cifras (que dan ganas de vomitar), sino que la sorpresa vino cuando Giséle decidió, no solo salir en los medios, sino hablar con ellos. Por primera vez, la víctima no se escondió bajo un pseudónimo ni una peluca o una voz distorsionada. No. Gisèle Pelicot salió para decirle al mundo que los que tenían que avergonzarse y esconderse eran ellos, sus violadores.
Por un lado, los hombres (en general) se defendieron diciendo "todos no somos así", mientras que las mujeres contestábamos, "ya, pero qué casualidad que siempre son hombres".
Y aquí ya no hablo de casos mediáticos como el de la propia Giséle o el de la "manada" de los San Fermines (hay que especificar porque ya existen múltiples manadas en la actualidad). Hablo del día a día, queridas y queridos. 
Pero me estoy adelantando a los acontecimientos...

Volvamos pues a la página de internet con 62 millones de visitas. 
62. 
Las reporteras alemanas, Isabell Beer e Isabel Ströh, descubrieron el caso en 2025. Pero la noticia no se divulgó hasta que la CNN no publicó su propio reportaje hace unas semanas bajo el titular de "Global rape academy"/"academia global de la violación". El nombre elegido no es una hipérbole, es literal. En dicha página, los hombres intercambian información sobre las cantidades exactas de droga que debían emplear para que la mujer quede inconsciente (no quieren sobredosis y que la parienta la palme, claro) y cómo asegurarse de que la víctima está verdaderamente dormida (sorprende la inteligencia masculina: abriendo los párpados, sino se despiertan, al tajo). Muchos hombres comenzaron a grabar las violaciones de sus propias parejas y a cobrar el visionado por el módico precio de veinte dólares por "espectador". Como en cualquier otro negocio, se ofrecían modos de pago alternativos, por ejemplo, la criptomoneda. Todo bajo total anonimato.

Los hombres (y quizá algunas mujeres) que estén leyendo esto podrán pensar..."Jo, Paula, cómo te pasas, ¿no?" ó "qué pesadita estás con estos temas" ó "vaya feminazi".
Lo entiendo.
Pero, no sería más efectivo pensar, "¿qué puedo hacer por ellas?" "¿Cómo podemos ayudar a solucionar este problema tan grave? "
Es urgente conseguir que estos temas atraigan la atención de los hombres.
Por ejemplo, podrían no reírse de ese chiste machista en el grupo de whatsapp de tíos; educar a sus hijos a respetar a las mujeres y no tener que enseñar a las niñas a cómo protegerse; no mirar como si no fuera con ellos o apoyándonos alzando también su voz en estos temas. Y si un hombre expresa su opinión con criterio, más hombres le seguirán. Personalmente creo que este es el caso del creador de contenido Marc Barnés, @nosoloviernes2 en Instagram. Su comentario en las redes sobre "la academia global de violación" ha recibido más de un millón de visitas. Otro ejemplo es @gonzalobritopons, que insta a los hombres a investigar y conocer más sobre el caso. Pero, por desgracia, no he podido encontrar muchos más hombres tratando este tema en castellano. Sí existen un mayor número de páginas en inglés. Como @blakerobbo, que lucha contra el sexismo.  Ó como @Kommentary que se dirige directamente a los hombres en su crítica sobre este suceso. O, también, @remakingmanhood, que aporta actitudes que ayudan a los hombres a reaccionar ante el sexismo. 
El resto de personas que denuncian esta tendencia son, en su gran mayoría, mujeres. 
Así que, no todos los hombres, efectivamente, pero son siempre hombres. Y si son siempre hombres hay algo en nuestra sociedad que falla. El silencio es siempre cómplice. Ayudaría que los hombres se manifestaran en contra de esta situación alto y claro.
Porque como muchas otras mujeres, yo me pregunto: ¿Por qué tengo que ir con un spray de pimienta en el bolso? ¿Por qué tengo que mirar por encima del hombro si oigo pasos al volver a casa de noche? ¿Por qué me recomiendan clases de defensa personal? ¿Por qué tengo que vigilar dónde dejo mi copa en un bar? 
Esto no es una lucha de géneros. Esto no es una batalla de mujeres contra hombres. Al revés, os estamos pidiendo ayuda, apoyo, auxilio. No podemos más. Nos están violando, acosando y matando una a una.

62 millones de visitas.
62.
¿Cuántos millones más de visitas a la "academia global de violación" hacen falta para que se tome esta lacra en serio?

Hace poco vi un vídeo en instagram en el que un reportero planteaba la siguiente pregunta a mujeres: "¿A quien elegirías en caso de quedarte atrapada en un bosque: a un oso o un hombre?" La mayor parte de las mujeres escogió (para sorpresa de pocas), el oso.

Pues eso, no todos los hombres, pero...

Sunday, 19 April 2026

La belleza del Ozempic


"El mito de la belleza siempre autoriza un comportamiento, no una apariencia". 
Naomi Wolf, El mito de la belleza

Queridas y queridos, escribo con rabia, con pena y, sobre todo, con mucha frustración. Me enervo como mujer perteneciente a una sociedad que dicta unas reglas que me confunden, que no entiendo y que, ante todo, me cuestan seguir. 
Mi pregunta es: ¿en qué quedamos, señores? - y me dirijo al público masculino porque, a fin de cuentas, estamos en un patriarcado que dicta todo lo que hacemos las mujeres... cómo nos tenemos que mover, cómo vestirnos, cómo sonreímos, cómo hablamos y, por supuesto, cómo comemos y cómo debe ser nuestro físico. 
Estoy hasta el mismísimo farolillo. He pasado por todas las fases posibles...primero teníamos que estar híper delgadas, luego con curvas exageradas, más tarde que viva el "positivismo del cuerpo" y, ahora, por lo visto, de nuevo raquíticas. Qué digo raquíticas, invisibles. Cada vez que hay una alfombra roja veo, con horror, cómo esa o aquella actriz desaparece, de la noche a la mañana, ante mis ojos. Consumida como una flor marchita. Pómulos imposibles, clavículas que sobresalen picudas, brazos que parecen van a partirse en dos como si fueran un kit kat. Una tras otra conforman una fila eterna de mujeres que se asemejan cada vez más a "La novia cadáver" burtoniana. Y yo, mientras tanto, luchando por no dejar salir a mi desorden alimenticio de nuevo, porque quiere jugar, quiere saber qué está pasando ahí afuera...
¿Pero qué coño estamos haciendo? ¿A qué carajo estamos jugando? ¿Y qué mierdas hago yo ahora?
¿Me pincho, me vuelvo anoréxica de nuevo, me subo a la stairmaster hasta vomitar el bazo o me comparo con cada mujer que me cruzo por la calle?
Porque la belleza es una pirámide, no nos engañemos. Lo que vemos ahí arriba, en la cúspide, va bajando a la base a velocidad hipersónica. 
Esto es el ciclo sin fin de la supuesta "belleza".
Ver a mujeres que antes eran fuertes, positivas, ejemplo, a mis ojos, de muchas, se convierten de un día para otro en la sombra de lo que fueron. Posan y sonríen bajo la atenta mirada de los flashes. Dicen que nunca en la vida han sido más felices, afirman que les ha cambiado la vida, que lo hacen por su pareja o por sus hijos...pero detrás hay una epidemia. No es un caso aislado. No son un par de mujeres. No. Cada vez son más. Se multiplican como gremlins. Y la que se había puesto culo y tetas, ahora se los quita. Porque ya no está de moda. Porque ahora tenemos que ser putos palos de chupa chups. Porque ahora que cualquier hija de vecina se puede pinchar...¿por qué tú sigues siendo gorda? 
¿Eres una vaga? ¿Eres pobre? ¿Eres tonta?
En el Reino Unido, por el módico precio de 80 libras al mes (más o menos) logras la droga milagrosa sin médicos, sin pruebas, de internet directamente a tu buzón. Como si fuera un top de Shein.
Montémosnos pues todas en el carro de la locura y la sinrazón.
Porque no estoy hablando de adelgazar por salud. No estoy hablando de esa mujer que tiene que perder treinta kilos o más. Sino de la que quiere perder cinco. O, simplemente, de la que no tiene nada que perder y aún así lo usa. No estoy tratando de ser la gorda orgullosa. Ni una revolucionaria, reivindicativa de los kilos. No soy abanderada de nada.
No.
Quiero ir más allá. Quiero saber el por qué.
El por qué del poder sobre las mujeres que conlleva esta delgadez extrema. Una mujer hambrienta, no de éxitos, sino de carbohidratos. Una mujer frágil y delicada. Y es que "la fijación cultural de la delgadez femenina no es una obsesión sobre la belleza femenina, sino una obsesión sobre la obediencia femenina" (Naomi Wolf, El mito de la belleza). 
No es la primera vez que pasa, ni será la última.
Las mujeres vivimos en un círculo vicioso que se retroalimenta de ideas vacuas sobre la belleza. 
Vamos en busca constante de unas necesidades que no existen y, peor aún, varían al ritmo de la bolsa. La del Mercadona no, la del IBEX 35. 
Todo, absolutamente todo, en el cuerpo de una mujer es "mejorable".
Por la mañana, lo primero a la ducha. Hay que pasarse el guante de crin con el exfoliante por todo el cuerpo ensañándose en los muslos hasta casi hacerlos sangrar, que ya sabemos que la piel de naranja es el peor enemigo de una mujer. Después, el champú especial para pelo teñido porque diosbenditodemivida que una tenga una cana, luego el aceite de jojoba y, para acabar, la mascarilla. Entre pitos y flautas has perdido ya una hora de tu vida.
Luego el maquillaje. Indispensable. Si no, una corre el riesgo de que Nicolás, el de marketing, te diga nada más verte que qué mala cara tienes cuando él ha tardado literalmente diez minutos en arreglarse esa mañana.
No, HAY que maquillarse. Si ya vienes con pestañas postizas añadidas, mejor que mejor. Y ya si te has hecho el láser por todo el cuerpo, mini puntos para ti. Porque tú tienes que parecer una Barbie, claro, pero Nicolás puede ir hirsuto como King Kong, chimpón. 
Luego las braguitas que vayan a juego con el sujetador, "no sea que acabes en urgencias y te tengan que desnudar y vayas como una pordiosera", me decía mi abuela.
Pero detengámonos en el sujetador, ese monstruo digno de cualquier película de terror. Ese bicho torturador de axilas, de entre las tetas y de morcillas de la espalda. Las mujeres en los 70 no quemaron sujetadores por casualidad, señores, son armas de destrucción masiva.
Luego hay mujeres que tienen que ponerse tacones para trabajar. Repito, TIENEN que ponerse tacones. No tengo más que añadir sobre este tema, señoría.
Así que pásate el día con el sujetador metiéndose por el sobaco, los pies con sabañones y arreglándote cada dos por tres las medias porque te las subes hasta que te cortan la respiración.
Nicolás va al curro en vaqueros, camisa y Converse.
¿Y a la noche? Pues a seguir "corrigiendo" desperfectos. ¡Esto es un trabajo twentyfourseven! Para empezar, papada no, por favor, compra mejor un reductor de barbilla para dormir. Muy cómodo. ¡Ah!, y también luchemos contra la ley de la gravedad, duerme con el nuevo sujetador especial, no vaya a ser que los pechos te vayan a llegar a los pies. Y ya que estás de camino a la cama te llevas el parche bucal para que no ronques. ¡Una mujer que ronca! ¿Dónde se habrá visto semejante despropósito? ¡Ah!, y sobre todo, ponte la crema anticelulítica en los muslos, el serum para la bolsa de los ojos, y la hidratante en la cara, a no ser que quieras aplicarte primero una mascarilla de pepino y aceite de aloe vera, por supuesto. Y ya, cuán Tutankamón, a tomarse el lorazepam y a ponerse la férula para evitar el bruxismo, porque con tanto corrector, potingue y reductor estás con la ansiedad por las nubes y los dientes que te bailan claqué. 

Esto es, a grosso modo, a lo que se enfrentan muchas mujeres TODOS los putos días de su vida.
Ahora, señores, añadamos la nueva moda de la delgadez extrema, las caras de besugo, los cuerpos etéreos como plumas, las pupilas dilatadas y las miradas distantes...porque, no nos engañemos, sobrellevan una carga social y política muy clara: nos quieren calladas, pequeñas, controladas.
Eso sí, todas (en efecto, uso el femenino única y exclusivamente) sabemos que esto cambiará. Aunque ahora no lo parezca, todas nos convertiremos en sílfides y entonces un señoro con muchos billones de billones sentado en una silla de cuero desde su penthouse con vistas a Central Park, se preguntará, "¿no están demasiado delgadas? Habrá que inventar algo para ganar más dinero, ¿no?"
Y mientras ese señoro piensa y dilucida cómo jodernos, yo me pregunto:

¿En qué coño quedamos?