Queridas y queridos, en vista de la complejidad del periodo perimenopáusico, he llegado a la conclusión que las niñas deberían venir al nacer con un manual de instrucciones titulado "Cómo ser mujer" que haga referencia a las siguientes secciones:
Primero la menstruación, luego aprende a ponerte la compresa, más adelante da clases de "cómo ponerte un tampón", que es más ingeniería de caminos que otra cosa. Ve al ginecólogo y ábrete de piernas una vez al año. Inciso: ¿por qué nos dan una batita y un cuarto para cambiarnos si luego nos van a ver hasta la úvula?. Prosigamos. Hazte la mamografía, que consiste en aplastar la teta hasta que queda como el papel cebolla. (Me pregunto, ¿si les tuvieran que laminar los testículos a los hombres anualmente, la comunidad científica habría encontrado un modo menos desagradable? Seguro). Si te quieres poner el DIU, a palo seco, sin anestesia local ni leches en vinagre. Como decía la profesora de Fama, "¡Aquí habéis venido a sufrir!" Y cada mes los pechos como sandías, la tripa hinchada como un oso amoroso, sin energía ni para rascarte un ojo, con una mala leche que escupes fuego y con más hambre que un piojo en un peluche. Y esto es solo antes de empezar a sangrar. Porque la gente, bueno los hombres, se piensan que la regla es aquel espacio temporal en el cual vives durante las hemorragias. Pero no. La menstruación es un ciclo de 28 días de los cuales sueles ser una persona razonable tres, como mucho cuatro, diría yo. El resto es una lucha constante con(tra) tu cuerpo. Y tras unos cuarenta años viene la menopausia, deja de bajar la regla y ala, a vivir la vida. Pues resulta que no. Porque el cuerpo de la mujer no se estudia.
"¡Qué exagerada eres, Pau, como siempre!", me diréis.
Un equipo científico liderado por la Doctora Ju Young Lee (Universidad de Amsterdam), acaba de publicar el mapa completo de la red de nervios del clítoris (Neuroanatomía del clítoris, Marzo 2026). Mientras que este mismo mapa de la red de nervios del pene lleva publicado unos 30 años. ¡30! Vale que a algunos hombres les sea difícil encontrar el clítoris, pero treinta años...claro, por eso ha sido una científica la descubridora, y no un científico. Blanco y en botella...
Pues la perimenopausia no se empezó a estudiar hasta los años 80. Vamos que ya se había ilegalizado la discriminación por género en el trabajo, había nacido el primer bebé fecundado in vitro, se había legalizado el aborto en Estados Unidos y Margaret Thatcher se había convertido en la primera mujer Primera Ministra del Reino Unido.
En resumen, íbamos pergeñando alguna cosita que otra por el mundo por y para las mujeres.
Pero, insisto, hasta la década de los 80 no hubo estudios serios sobre el tema.
¿Qué quiere decir esto? Pues que seguramente millones de mujeres andaban por la vida con sofocos, insomnio, sequedad vaginal e irritabilidad y no tenían ni la más remota idea de lo que les estaba ocurriendo. Y, queridas y queridos, no hay nada que irrite más que una irritabilidad que no sabes de dónde viene, pero sí hacia dónde va: a Manolo.
Manolo: ¿Pero qué te pasa Carmen?
Carmen: ¿¡A mí!? ¡A mi no me pasa absolutamente nada, Manolo!
Manolo: Algo te pasa porque estás sudando más que el fontanero del Titanic.
Carmen: ¡¡Que no me pasa nada, te he dicho!!
Manolo: ¿Estás en esos días no, Carmen?
Carmen: ¡Que no, Manolo! ¡¡¡¡Que estoy divina!!!!!
Dijo Carmen mientras se abanicaba enérgicamente...
Carmen no tenía entonces internet. Pero yo sí. Así que cuando busqué "perimenopausia", no solo me salió la lista de los reyes Godos en síntomas. No. También aparecieron maravillosos artículos titulados "Perimenopausia, el turbulento proceso que atraviesan las mujeres a partir de los 47 años" (Yahoo!, 2022) o "Perimenopausia, las claves psicológicas y físicas para afrontar esta etapa sin sufrir el 'marketing de los 40'" (El Español, 2025) que, parecen más títulos de películas de terror.
Para empezar, el "periodista", utiliza el término "turbulento proceso", como si fueran a salirte antenas en la cabeza, como en la peli "La mosca". (De hecho, ahora que lo pienso, la peli es una gran analogía de lo que es pasar de la perimenopausia a la menopausia). Además subrayan que a "los 47 años" empiezas a sentir los síntomas. Ni 46, ni 48. 47. Cuan Cenicienta, a las 12 de la noche de tu 47 cumpleaños, sonarán las campanadas y tú comenzarás la trágica transformación sin que nada ni nadie lo pueda evitar. ¿Y qué pasa con el zapatito de cristal que se queda en las escaleras de palacio? Podría representar que has perdido parte de tu feminidad por el camino. Por otro lado, tenemos que "afrontar esta etapa", como si fuera un toro de mihura, joder. Y ya, la guinda del pastel. "Marketing de los 40". Lo que me faltaba. Entiendo el marketing de un disco, un evento o un libro...pero, ¿mi pérdida de regla? ¿Y si es cierto que hay ese marketing, me lo puedo pasar por el papo?
En resumen, que ser mujer es complicado.
Y, a pesar de todo, queridas y queridos, yo, personalmente, no me cambiaría por un hombre. Prefiero tener efectos secundarios a mansalva si eso quiere decir que mi cuerpo es capaz de dar vida a un ser humano (aunque luego decida no hacerlo). Me gusta más lo que implica formar parte de una sisterhood que de un brotherhood. Elijo "no tener el chichi para farolillos". Prometo ser feminista incansable. Seguiré escribiendo sobre la problemática de ser mujer, pero también de lo maravilloso que es vivir en un cuerpo femenino.
Perimenopáusicas sí, y con el abanico bien abierto.
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